En orden
Sesenta minutos, una vez.
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I
### Despeja la mesa
Teléfono cargado, nadie mirando, sin compartir pantalla. Esta es la sesión en la que el entorno importa.
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II
### Elige la contraseña
Establécela antes de introducir cualquier otra cosa. No la apuntes en ningún sitio. Pronúnciala en voz alta varias veces.
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III
### Practica escribiendo en una tarjeta
Crea una entrada sin importancia en una bóveda y escríbela en una tarjeta. Vuelve a leerla. Ahora ya conoces el proceso.
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IV
### Escribe la bóveda propiamente dicha
Entre cinco y quince entradas cuyos nombres sean lo bastante claros para ti y lo bastante vagos para los demás.
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V
### Cópiala en las tres
La misma bóveda, tres tarjetas, una tras otra. Comprueba cada tarjeta volviendo a leerla antes de guardarla.
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VI
### Ponlas en su sitio
Una contigo, una en casa y una fuera de casa. Decide ahora dónde guardarás la tarjeta que estará fuera de casa, no el mes que viene.
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VII
### Recoge
Borra las capturas de pantalla, tritura el papel y vacía la aplicación de notas. Este paso aporta la verdadera mejora de seguridad.
Déjalo para más adelante
Lo que no debes hacer hoy.
No intentes transferir todo tu gestor de contraseñas a una tarjeta. La tarjeta está pensada para las pocas entradas que te permiten acceder a todo lo demás, no para cuatrocientas credenciales.
No te inventes un sistema complicado de nombres la primera noche. Empieza sin más; perfecciónalo en tu primera revisión anual.
Una noche.
Después, nada durante años.