La reflexión
No puedes eliminar el punto débil. Tú lo eliges.
En un sistema alojado, el punto débil está distribuido y es invisible: el personal del proveedor, sus proveedores, su proceso de inicio de sesión, la dirección de correo electrónico para recuperar la cuenta, el número de teléfono que un desconocido puede conseguir transferir a su nombre mediante persuasión en una tienda de telefonía móvil.
En nuestro sistema está claramente delimitado y es evidente: la contraseña que guardas en la cabeza y los lugares donde guardas tus tres tarjetas. Ambas cosas resultan incómodas. Pero en ambos casos puedes comprobar, practicar y mejorar por ti mismo.
Esa es toda la decisión que hay detrás del diseño. No menos riesgos, sino riesgos comprensibles.
Para que una pérdida siga siendo asumible
Tres hábitos que sostienen todo esto.
-
I
### Practicar
Abre una tarjeta varias veces al año usando la contraseña de memoria. Una contraseña que nunca introduces es una contraseña que olvidas poco a poco.
-
II
### Distribuir
Tres tarjetas en tres lugares. Un solo incendio, un solo robo o un solo abrigo perdido no debería significar el fin.
-
III
### Contárselo a una persona
Alguien debería saber que existe una tarjeta y para qué sirve aproximadamente, aunque esa persona no pueda abrirla.
Un riesgo que puedes nombrar,
es un riesgo con el que puedes lidiar.