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Inaccesible a distancia.

El argumento

La distancia protege.

La seguridad del software suele consistir en someter el acceso remoto a ciertas condiciones: contraseñas, tokens de acceso, límites de acceso y detección de anomalías. Todo eso existe porque la puerta está abierta al mundo entero y hay que vigilarla.

Una tarjeta en un cajón cambia las relaciones espaciales. Para poder intentar siquiera algo, alguien tiene que estar donde está la tarjeta. Eso no la hace inexpugnable, pero sí hace que los ataques sean locales, físicos y costosos.

Al mismo tiempo, desaparecen categorías enteras de riesgos que no tienen nada que ver contigo: un espacio de almacenamiento de un proveedor mal configurado, el portátil robado de un empleado o una base de datos abandonada en un servidor de pruebas.

Lo que desaparece

Riesgos que ya no existen.

  1. I · Compromiso masivo

    No hay un almacenamiento central para las bóvedas. Por tanto, tampoco hay un único error que las ponga todas en peligro a la vez.

  2. II · Ataques con credenciales robadas

    No hay cuenta, página de inicio de sesión ni nada donde probar una contraseña filtrada.

  3. III · Acceso inadvertido

    Para leer una tarjeta, hay que sostenerla en la mano. Su ausencia se nota, a diferencia de la copia de una base de datos.

  4. IV · Dependencia del proveedor

    Cuando no hay servidores que mantener en funcionamiento, tampoco hay nada que apagar, vender o someter a nuevas condiciones de uso.

El límite más sólido
sigue siendo una pared.

El almacenamiento sin conexión tiene su propio precio: tú eres la copia de seguridad, y olvidar es definitivo. Para un número reducido de entradas, creemos que este compromiso es el adecuado.